El espectro de frecuencias de un ruido varía aleatoriamente a lo largo del tiempo, a diferencia de otros sonidos complejos, como los acordes musicales, que siguen una ley de variación precisa. Sin embargo, el ruido es una apreciación subjetiva de un sonido.
Un mismo sonido puede ser considerado como molesto o agradable dependiendo de la situación y sensibilidad concreta de la persona. Por ejemplo: cuando estamos en un local con la música elevada, no pensamos que la música sea ruido, sino música únicamente. Sin embargo, los vecinos del local, no pensarán lo mismo porque ellos sólo escucharán ruidos molestos que no les permiten conciliar el sueño (si el local no está aislado, claro). Por tanto, debemos ser conscientes de que, lo que para nosotros no tiene por qué ser ruido, para otra persona puede ser muy molesto.
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