1. El agua: propiedades y tipos. El ciclo hidrológico.
El agua es un compuesto químico estable formado, a nivel molecular, por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Gracias a los denominados "puentes de hidrógeno" las distintas moléculas de agua se unen entre sí dando lugar a la sustancia que todos conocemos.
Gracias a las especiales características del planeta Tierra, podemos encontrar el agua en sus tres estados físicos: sólido, líquido y gaseoso. Esta particularidad hace que la localicemos en distintos sistemas terrestres:
En la atmósfera, en estado gaseoso, donde da lugar a fenómenos meteorológicos como nieve o lluvia.
En la litosfera, en forma de corrientes superficiales o subterráneas.
En la biosfera, como parte de todos los organismos vivos.
En la hidrosfera, que comprende el conjunto de todo el agua del planeta en sus tres estados de agregación.
Además es imprescindible en reacciones químicas de vital importancia para el funcionamiento de los sistemas, como, por ejemplo, en la formación de nutrientes.
El agua tiene unas propiedades específicas que la convierten en un elemento idóneo para la vida:
Polaridad: sus moléculas son polares (zonas de carga positiva y zonas de carga negativa) lo que convierte al agua en un excelente disolvente de sustancias también polares. De ahí que reciba el nombre de "disolvente universal", aunque, precisamente por esta propiedad, no sea capaz de disolver sustancias apolares, como grasas y aceites.
Calores específicos de vaporización y fusión: la cantidad de calor necesaria para evaporar, fundir o calentar el agua es más elevada que en otras sustancias. Esto hace que el agua sea un buen almacenador de calor, ayudando así a regular la temperatura del planeta y de los organismos vivos.
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