Además, el abastecimiento de agua y el saneamiento requieren inversiones costosas que no pueden asumir los países más pobres. La falta de saneamiento adecuado hace que se contaminen las fuentes de agua potable, lo que facilita la propagación de enfermedades que producen altas tasas de mortalidad, especialmente infantil.
Por este motivo, las Naciones Unidas fijaron, entre los Objetivos del Milenio, reducir a la mitad el número de personas sin acceso sostenible al agua potable y al saneamiento para el año 2015. Para ello se requiere la cooperación internacional, en la que España participa a través de la Secretaría de Estado de Cooperación.
Pero la acción no debe provenir únicamente de los administradores y tomadores de decisiones. En muchas culturas, las normas y creencias también tienen un impacto negativo sobre los esfuerzos por mejorar el saneamiento, ya que la discusión se ve muchas veces entorpecida por los tabúes culturales de la población. Los problemas no pueden resolverse y las actividades educativas relativas a la higiene están restringidas por el silencio que las rodea. La difusión de cambios fundamentales en el comportamiento es la clave para integrar el uso apropiado de los servicios en la rutina diaria, y requiere que se inicie en la infancia. Los programas educativos escolares sobre salud e higiene constituyen, por lo tanto, una parte esencial de todo programa de agua y saneamiento.
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