Ozono (O3): es un gas traza que existe de forma natural en la atmósfera. En la estratosfera, absorbe la mayoría de las radiaciones potencialmente dañinas de los rayos UV del sol, que pueden causar, entre otras cosas, cáncer de piel y daños en la vegetación. El ozono de niveles más bajos, próximos a la superficie de la Tierra , se produce principalmente a partir de precursores (óxido nitroso, NOx), en su mayoría procedentes de las emisiones del tráfico y la industria, mediante la reacción de moléculas de carbono y nitrógeno con la luz solar. Aquí el ozono contribuye al llamado "smog" y se considera el tercer gas invernadero más importante tras el dióxido de carbono y el metano.
Clorofluorocarbonados (CFC): son compuestos artificiales que se utilizaron como refrigerantes en los años 30 y, posteriormente, se extendieron ampliamente como propelentes de aerosoles, agentes espumantes en la industria el jabón y en aparatos de aire acondicionado. Aunque su presencia en la atmósfera es muy baja, sus moléculas pueden absorber el calor miles de veces mejor que el dióxido de carbono. Su uso se encuentra actualmente prohibido.
Hidrofluorocarbonados (HCFC): son compuestos sintéticos de gases que han sustituido a los CFCs, al no ser tan nocivos para la capa de ozono. Sin embargo, tienen un potencial similar de efecto invernadero.
Hexafluoruro de azufre (SF 6 ): es otro gas sintético, usado en la producción de aluminio. Tiene un potencial de calentamiento global extremadamente alto, ya que sus moléculas son de muy larga duración y pueden atrapar enormes cantidades de radiaciones solares de onda corta.
Vapor de agua: es el gas invernadero más abundante, pero su papel en el calentamiento global aún no está del todo entendido. Las concentraciones de vapor de agua en la atmósfera están indirectamente influenciadas por la actividad humana. Pero es importante señalar que un aumento de la temperatura debido al calentamiento global provocado por el hombre, también puede llevar a un incremento en la concentración de vapor de agua.
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